| Por Michael St. Pierre, Ed.D.

Presencia

Dándole a Dios toda nuestra atención

¿Alguna vez has tenido una conversación con alguien y has visto sus ojos mirar alrededor, prestando atención a todo menos a ti? La distracción es una realidad para todos nosotros. Queremos estar “en el momento”, pero nos resulta difícil hacerlo.

¿Por qué es eso?

Podríamos culpar a las redes sociales o al ciclo de noticias 24/7. Sabemos que la batalla por nuestra atención es feroz y de gran importancia.

Estas fuerzas externas también pueden impactar en nuestra vida interior, logrando desconcéntranos cuando oramos. Puede que lleguemos a Misa unos minutos antes y, sin embargo, nos resulte difícil aquietar nuestra mente. Podemos rezar el rosario y olvidar en qué perla estamos. En una hora santa podemos encontrar que unos minutos de silencio se sienten como una eternidad.

No hay duda de que la distracción es algo con lo que todos luchamos en oración. En la columna anterior, discutimos el primer hábito de la gente orante: Pasión y Persecución.

El segundo hábito, Presencia, responde a la pregunta: "¿Cómo puedo prestar toda mi atención a Dios cuando oro?"

Para estar más plenamente presente ante Dios, debes establecer un tiempo regular para la oración diaria. No confíes solo en la fuerza de voluntad, ya que esta aumentará y disminuirá según tu energía física o de la cantidad de alimentos que tengas en tu plato. Al agregar un poco de intención a tu tiempo de oración diaria, podrás entrenar tu mente y corazón, diciéndoles a ambos que “este es tiempo de oración”. El resto del día puede esperar. Este hábito puede repetirse en distintos momentos del día, ya sea recordando una palabra de las Escrituras o teniendo conciencia de la presencia de Dios, cuando menos te lo esperas.

Segundo, cuando ores, comparte lo que tienes en mente con Dios. Haz esto especialmente al comienzo de tu tiempo de oración. Si te importa a ti, le importa a Dios. Habla con el Señor acerca de tus ansiedades y preocupaciones. Entrégalos a Dios, sin retener nada. Este proceso hace que estos aspectos de tu vida -aunque temporalmente- salgan de tu mente, para que puedas orar mejor y más enfocado.

Finalmente, emplea el poder de una pausa de oración. Tu tiempo de oración puede estar ocupado con la lectura de la Biblia, la oración de intercesión o incluso el uso de un diario. Permítete ir despacio, soñar despierto, mirar por la ventana y luego volver suavemente a la oración. La oración es una experiencia de intimidad con Dios, de compartir la vida con él.


En su libro, The Five Habits of Prayerful People: A No-Excuses Guide to Strengthening Your Relationship with God (Ave Maria Press), Mike St. Pierre brinda consejos prácticos para desarrollar tu vida de oración, un día a la vez.