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I’m Frustrated by a Colleague Who Makes Offhanded Comments to Our Boss That Reflect Badly on Me

By Jim Berlucchi, es el fundador de la firma consultora Cardinal Leadership

Me siento frustrado por un colega que le hace malos comentarios sobre mí a nuestra jefa.

Suena lejanamente familiar. Solía chismosear con mi mamá sobre mi hermana mayor todo el tiempo. Afortunadamente, ella no lee esta columna.

Su situación, un triángulo, es un poco complicada. Usted, su colega y su jefa. Es sabido que tres son multitud.

Dado que su colega es el que inicia el fuego, comience con él. Pruebe el enfoque directo/indirecto. Llévelo a almorzar, tenga una charla amistosa y luego ponga manos a la obra. "Igor, tengo un pequeño problema con el que espero puedas ayudarme. Hay un colega que hace comentarios poco halagadores sobre mí a nuestra jefa. Luego ella me pide explicaciones por estos. Me siento sorprendido, avergonzado y algo resentido. ¿Tienes algún consejo para mí? ¿Cómo debería manejar esto?"

Con esta entrada, la conversación debería ser interesante. Podría mostrarse asombrado, oportuno, incómodo o a la defensiva.

  • Sorprendentemente, podría darle un consejo. Sígalo y la próxima vez que ocurra un incidente, regrese para contarle cómo funcionó. Será una conversación aún más interesante. 
  • Con suerte, él podría entenderlo y confesar: el resultado perfecto. Dado su comportamiento innoble, eso es muy poco probable. Pero es agradable fantasear.
  • Torpemente, pudo percibir que él es el culpable, pero no lo admitió. Entonces la conversación probablemente tendría que girar hacia el clima o la artritis de su abuela.
  • Si está a la defensiva, podría ponerse combativo. Al menos las cosas se pondrán sobre la mesa. Mantenga su tenedor a la mano. Solo decía…

Si no avanza con su colega, podría expresar su frustración con su jefa. Dado que ella no ha manejado bien esta dinámica hasta la fecha no es prometedora, pero aun así vale la pena intentar.

Si nada cambia, ha hecho lo que pudo. No puede controlar la situación, pero tiene autocontrol, que, impulsado por la gracia de Dios, es su solución definitiva y fuente de paz.