Solidaridad
En la encíclica Sollicitudo Rei Socialis, San Juan Pablo II describió el bien común como el bien tanto de toda la humanidad como de cada individuo. Para él, el principio de solidaridad de la Doctrina Social de la Iglesia se dirige a esta comprensión del bien común. Escribió que la solidaridad no es un “sentimiento superficial” por los que sufren desgracias. Más bien, “es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común” y la aceptación de nuestra responsabilidad muy real para con todos (38).
En la encíclica Sollicitudo Rei Socialis, San Juan Pablo II describió el bien común como el bien tanto de toda la humanidad como de cada individuo. Para él, el principio de solidaridad de la Doctrina Social de la Iglesia se dirige a esta comprensión del bien común. Escribió que la solidaridad no es un “sentimiento superficial” por los que sufren desgracias. Más bien, “es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común” y la aceptación de nuestra responsabilidad muy real para con todos (38).
Más allá de la interdependencia
La interdependencia entre personas y naciones es una forma de solidaridad. Ayudada por los avances tecnológicos, la solidaridad, como interdependencia, se ha expandido rápidamente. La comunicación, la información y el comercio se intercambian a un ritmo nunca visto.
Sin embargo, a pesar de este crecimiento de la interdependencia, las desigualdades, la explotación, opresión y corrupción siguen siendo una parte importante de la experiencia humana. Por esta razón, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia afirma que la aceleración de la interdependencia debe ir acompañada de “un crecimiento en el plano ético-social igualmente intenso”. Si no lo hacemos, la injusticia se hace sentir a escala mundial (192). La solidaridad, por tanto, debe entenderse no sólo como interdependencia y principio social, sino también como virtud moral.
La solidaridad como virtud moral
El Compendio desarrolla esta noción de solidaridad como virtud moral. En concreto, la solidaridad “debe captarse en su valor de principio social ordenador de las instituciones”. La Iglesia habla de “estructuras de pecado” que distorsionan las relaciones entre personas y naciones, así como de la necesidad de transformarlas en “estructuras de solidaridad mediante la creación o la oportuna modificación de leyes, reglas de mercado, ordenamientos” (193).
Volver a lo básico
Esta comprensión de la solidaridad como principio y virtud moral nos invita a reflexionar sobre los dos grandes mandamientos. Jesús los presentó como el fundamento de “toda la ley y los Profetas” (Mt 22,40). El primer mandamiento nos dice que amemos a Dios con todo nuestro ser. El segundo nos ordena amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Las Escrituras son claras al afirmar que no podemos amar al Dios que no vemos sin amar al prójimo que sí vemos (1 Jn 4,20). Por lo tanto, el cumplimiento del primer mandamiento está inseparablemente ligado a nuestro cumplimiento del segundo. Por supuesto, el segundo estipula que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Lo hacemos trabajando por su mayor bien, igual que haríamos por nosotros mismos.
Tratar a cada persona y a la humanidad en su conjunto como a otro “yo” está en el corazón del principio y la virtud de la solidaridad. Nos llama a ver a los individuos y a las naciones como parte de una sola familia humana que, como nos recuerda la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, trasciende las diferencias nacionales, raciales, étnicas, económicas e ideológicas.
Para una mayor reflexión
En su Primera Carta a los Corintios, San Pablo observa que “Dios dispuso el cuerpo, dando mayor honor a los miembros que más lo necesitan, a fin de que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros sean mutuamente solidarios. ¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría” (12,24-26).
- ¿Cómo expresa este pasaje el principio y la virtud de la solidaridad?
- ¿Cómo se manifiestan en mi vida el principio y la virtud de la solidaridad?
- ¿Cómo puede Dios estar llamándome a una mayor expresión del principio y la virtud de la solidaridad?
¿Quién dijo eso?
“Si no tenemos paz en el mundo, es porque hemos olvidado que nos pertenecemos el uno al otro, que ese hombre, esa mujer, esa criatura, es mi hermano o mi hermana”.
a) Papa Francisco
b) San Basilio
c) Santa Teresa de Calcuta
d) San Juan Pablo II
Respuesta: c) Santa Teresa de Calcuta en su libro Amor: un fruto siempre maduro.
Doug Culp es el director de operaciones de las Obras Misionales Pontificias de Estados Unidos.