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 | por Sheri Wohlfert

Cómo formar hijos que piensen en los demás … en un mundo que les da de todo

 

Nunca he conocido a un padre de familia cuyo objetivo fuera criar un hijo egoísta, pero la influencia del mundo puede hacer que formar hijos que piensen en los demás sea una tarea difícil. Cuando era docente, los estudiantes solían preguntarme cuál era mi color favorito, y yo respondía: “bronce”. No porque fuera un color que me gustara especialmente, sino porque me daba la oportunidad de enseñar una verdad del Evangelio. El bronce representa el tercer lugar, así que les decía a los niños que yo pedía la gracia de ocupar ese tercer lugar, dejando el primero para Dios y el segundo para los demás.
 

Aquí tienes algunas ideas para ayudar a los niños a comprender la importancia de la humildad, el amor y el servicio, evitando al mismo tiempo una actitud de sentirse con derecho a todo.

  • Gratitud
    Concéntrate en lo que tienes, no en lo que deseas. Los celos y el sentimiento de tener derecho a todo surgen cuando prestamos atención a lo que tienen los demás sin dar gracias por lo que nosotros tenemos. Plantea esta pregunta: Si mañana al despertar solo tuvieras aquello por lo que le diste gracias a Dios ayer, ¿con qué te quedarías?
  • Esperar 
    Aprender a esperar. Podemos obtener casi cualquier cosa que necesitemos o deseemos en cuestión de minutos y, aunque eso resulta conveniente, no nos enseña a esperar ni a desarrollar la capacidad de postergar la gratificación. Considera añadir a la lista de compras para la próxima semana ese artículo que alguien dice necesitar “urgentemente”, en lugar de pedir que lo entreguen en la puerta de tu casa a la mañana siguiente. Anima a los niños a incluir las cosas que desean en una lista de deseos y a esperar hasta su cumpleaños, la Navidad o hasta haber ahorrado suficiente dinero para obtenerlas. Es sorprendente la cantidad de cosas que, con el paso del tiempo, terminan al final de la lista o desaparecen de ella por completo. Deja claro que el hecho de que algo figure en la lista no significa que necesariamente vaya a llegar.
  • Sacrificio 
    Asegúrate de que expresiones como “tenemos suficiente” y “tendremos que arreglarnos con lo que tenemos” formen parte del vocabulario de tu familia. Resiste la tentación de ofrecer demasiadas opciones. Tener dos o tres alternativas para una merienda, en lugar de un sinfín de posibilidades, puede ayudar a enseñar la sencillez. Si necesitas hacer un reajuste, volver a lo esencial es un excelente punto de partida. Los niños probablemente no necesiten ocho pares de zapatos ni una cómoda, un clóset y un baúl de juguetes repletos de cosas.
  • Servicio 
    Hacer espacio en nuestra vida para atender las necesidades de los demás es una manera de crecer en santidad y de alcanzar un sólido “tercer lugar”. Enseñar a nuestros hijos a reconocer y responder a las necesidades de otras personas tiene un gran impacto, porque es imposible estar centrado en uno mismo cuando se está ayudando a alguien más. Si descubres que tienes de más, involucra a tus hijos en la tarea de empacar y compartir ese excedente. Anima a tu hijo a donar a la colecta de alimentos de la escuela su merienda favorita, en lugar de algo que no le guste. Donar un paquete de sus queridas galletas Oreo en lugar de una lata de habas tendrá un impacto mucho mayor.
  • Dar el ejemplo 
    Nada de esto ayudará a nuestros hijos si nosotros mismos no lo vivimos. Por eso, practíquenlo juntos y pidan la gracia de la verdadera alegría: poner a Jesús en primer lugar, a los demás en segundo y a uno mismo en tercero. 
     

Sheri Wohlfert es esposa, madre y abuela católica, además de conferencista y escritora. Puedes visitar su blog en www.joyfulwords.org.

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